jueves, 16 de marzo de 2017


Autoridad  o Auctoritas
Diario de Ávila: por Pilar Álvarez A.  
Un sistema de autoridad es condición necesaria para el desarrollo histórico social del hacer práctico. La autoridad desempeña un importante papel en la edificación social, que ayuda a las amplias masas activamente a la obra en  común. Sin embargo el abuso del ejercicio de autoridad, puede llevar a la ciudadanía a perder la fe en ella. Y en consecuencia en el descontento general de las personas en el sistema -o- organización. En virtud de determinadas acciones sin mérito alguno. Según sea la esfera de influencia, se distingue una autoridad política, moral, científica etc. Hay que hacer hincapié en la diferencia que existe entre la autoridad de los dirigentes, y el culto a la personalidad, o a la ciega subordinación que se convierte en culto a la personalidad. Para conservar la autoridad, es necesario tener en cuenta la opinión pública, no alejarse de las masas, basarse en la experiencia de éstas. La crítica y la autocrítica son la condición que evita la transformación de la autoridad en culto a la personalidad.
La autoridad formal, proviene del poder. El poder surge del reconocimiento colectivo de nuestros actos, y la lealtad se consolida progresivamente ante la consistencia. Y la autoridad moral, de la lealtad de los demás hacia su líder, inspirada por su integridad y congruencia. Hay distintas formas de adquirir el poder, y muchas de ellas no son honestas. Pero sin duda al que tiene el poder, su gente tiene la obligación de obedecerlo. Sin embargo al que tiene la lealtad de su gente, se le obedece voluntariamente y sin dudar, claro que esto último redunda también en poder, pero en el proveniente de la influencia, no en el de la imposición.
Pero hablemos de la expresión Auctoritas, esta aparece en Roma unificada a la función tutelar, así, el tutor poseía la auctoritas, que permitía sumar la voluntad del pupilo completando de tal modo su capacidad. En Derecho romano se entiende por auctoritas una cierta legitimación socialmente reconocida, que procede de un saber y que se otorga a una serie de ciudadanos. Ostenta la auctoritas aquella personalidad o institución, que tiene capacidad moral para emitir una opinión cualificada sobre una decisión. Si bien dicha decisión no es vinculante legalmente, ni puede ser impuesta, tiene un valor de índole “moral muy fuerte”. La fuente de auctoritas fue principalmente el Senado romano allí denominada como Auctoritas Patrum ejerciéndo sobre deliberaciones y decisiones comiciales, sin la cual éstas no alcanzaban un valor legal. En tal sentido, la ley Publialia Plutoms (339 a. C.) transformó en previo el requisito de la Auctorictas. En tales casos, el Senado consideraba la propuesta del Magistrado antes que los Comicios. También tenían la Auctoritas personalidades que no ocupaban cargos de magistratura, como también potestas. Pero durante el Bajo Imperio la auctoritas derivaba directamente del propio Emperador.En definitiva, la Auctoritas Patrum, políticamente, se tradujo en el poder del Senado para controlar el adecuado equilibrio de las decisiones de los Comicios.   
Sacar a relucir como brillantemente el Senado Romano ejercía sus funciones nos tiene que hacer reflexionar mucho, ¿Cómo trabaja nuestro Senado en este siglo XXI? ¿Y nuestros Senadores, merecen el titulo noble, y de moral que significa la expresión Auctoritas? ¿Sin embargo ejerce el poder? Esta enorme contradicción, no ocurre solamente en el ámbito político, sino que también sucede en toda organización institucional social, tanto oficial como privada, que existe no sólo en nuestro país  sino en el mundo. El problema crucial se centra en la pérdida de los valores morales, y el avance de una visión del mundo regido por valores relativos.

 

El miedo, digno de ser estudiado
Diario de Ávila: por Pilar Álvarez A.
 
No hay especie más miedosa que la humana, es el tributo que hemos de pagar por nuestros privilegios. ¿Pero ha que privilegios nos referimos? tenemos miedo a perder qué ¿lo material? Vivimos entre el recuerdo y la imaginación, entre fantasmas del pasado y fantasmas del futuro, reavivando peligros viejos e inventando amenazas nuevas, confundiendo realidad e irrealidad, es decir, hechos un lío. Para colmo de males, no nos basta con sentir temor, sino que reflexionamos sobre el temor sentido, con lo que acabamos teniendo miedo al miedo, un miedo insidioso, y sin fronteras.
Podemos considerar miedos normales los que son adecuados a la gravedad y no anulan la capacidad de control y respuesta. Por ejemplo, el miedo a volar ¿es normal o patológico? En cierto sentido es normal, porque no estamos preparados para surcar los aires, pero en otro sentido no lo es, porque sólo un porcentaje muy reducido de personas lo sufren. Pero hay  diferencia entre dos sensaciones que muchas veces se confunden como iguales, hablamos de la diferencia que hay entre el miedo y la angustia. El miedo tiene la característica de ser objetiva, tenemos miedo de tener un accidente de tráfico si estamos conduciendo…. en cambio, la angustia es el temor a una cosa indefinida, sería como temer a un fantasma o alguna cosa creada por nuestra mente que no se puede delimitar objetivamente como provocadora de este temor.
Sentimos angustia por nuestra existencia ante el hecho de la muerte porque aquello que nos preocupa no está definido, es algo que no sabemos realmente. Sin embargo las personas que asumen el miedo conscientemente terminan haciendo las cosas acertadas. Es preciso decir que la razón viene al rescate como medio para retomar el control de las facultades. De ahí que sea tan importante para el que padece de miedos psicológicos, el desarrollo del intelecto, lo cual le provee de recursos para enfrentarse a su inseguridad (subjetiva) interna y reforzarla objetivamente, en virtud de la razón cabal.
Hay que controlar el pensamiento negativo  y reforzarlo  a menudo, dándonos cuenta de sus desacertadas predicciones e infundados temores, es bueno hablar de ello con naturalidad,  exteriorizándolo, no ocultándolo, con el fin de que otros nos ayuden a convencernos que lo que nos asusta y nos produce miedo, no asusta para nada a los demás, ni les produce miedo alguno. En este sentido, una buena comunicación al respecto, produce efectos sedativos, y ayuda a sacar al individuo de su subjetivismo e incorporarlo a lo objetivo.
Prácticamente hablando, hay que decir “no” al miedo porque no hay que tomarse la experiencia de la vida demasiado en serio ya que estamos, como quien dice, de paso por este mundo “Maya”, lo cual en sánscrito quiere decir engaño, ilusión. Somos solamente un pequeño paréntesis en la historia de la humanidad. Nuestra existencia tiene validez solamente si hemos descubierto la dimensión de la eternidad, en nosotros y en los demás y hemos servido a un Dios que puede ser Dios, Jehová, Buda, Gran Arquitecto del Universo…. y sobre todo a la humanidad en amor y en verdad.
Al final, no somos dueños de nada más que de lo que hicimos y dejamos de hacer en su momento, por lo tanto miedo a perder algo material es absurdo, no tenemos pertenencias. Sino que seremos solamente el recuerdo en la conciencia de lo que nuestra vida fue, para los demás y para nosotros, donde quiera que nos hallemos. Hay que hacer de la vida una experiencia positiva sin miedos, practicando la templanza, la tolerancia… y que el tiempo tome su tiempo, el necesario para rehacer aquello que por miedo creíamos perdido.

 Misericordia
Diario de Ávila: por Pilar Álvarez A.
El Jubileo de la Misericordia es un jubileo que se celebrará durante el Año Santo Extraordinario que comenzará el 8 de diciembre de 2015, y concluirá el 20 de noviembre de 2016, para celebrar el quincuagésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, profundizar en su implantación y situar en un lugar central la Divina Misericordia. El jubileo nace de una tradición hebrea para reclamar justicia, pero para la Iglesia católica tiene un significado más espiritual. Desde hace un tiempo me rondaba la idea de escribir sobre la Misericordia, tema más bien para los Teólogos de la Iglesia. Pero sin embargo para nosotros los creyentes en la Justicia Social también es importante la Misericordia, sobre todo en el ámbito Social. Esta debe estar presente entre Justica e  Igualdad entre los hombres, por lo tanto la intención de aniquilar al otro, a delimitar su libertad, contrasta con la esencia de la justicia misma. Creo que la misericordia sin ser primaria ni considerada como lastima, es un buen sentimiento, un valor esencial del género humano, que no humilla al que la recibe ni le rebaja, al contrario, es lo más noble, porque está presente el perdón, y el don que nos ofrece el perdón, es la igualdad entre ofendido, y ofensor. El respeto máximo de nuestra convivencia a lo largo de nuestra vida, bajo mi punto de vista, también debe estar lleno de bondad y Misericordia. ¿Es un deber tanto Social como personal ejercer la misericordia?
Nuestra Constitución  trabaja en contra de toda Injusticia Social, a favor de todo derecho humano, sin embargo  nos falta mucho para  alcanzar una sociedad de inspiración humanista, de la cual ya se han hecho las más solemnes declaraciones a favor. De una convivencia de los hombres, de los grupos, y de las sociedades humanas, pero en la práctica sufren deformaciones, no basta un deseo inicial de justicia, y no basta porque la justicia no se desarrolla sin la concurrencia en el mismo hombre. Pues las fuerzas adversas pueden alterar, deformar, negar y aniquilar aquel primer impulso en pos de la Justicia Social. Por consiguiente un mundo justo sin la ayuda de la Misericordia, no daría paso a una, civilización de amor.Primario y fundamental” El amor entre la civilización, es necesario, la presencia del amor es totalmente necesario para que las relaciones interhumanas, sean efectivamente justas, desde una óptica más filosófica, y ciñéndonos a un tipo peculiar de justicia, la Justicia Social. Es bueno reflexionar ante la práctica de la Misericordia, pues quizás en alguna ocasión, nos la hemos aplicado, sin darnos cuento, cuando nos perdonamos algunas de nuestras acciones poco humanistas, pues los seres humanos, también tendemos a querernos mucho. Por lo tanto debemos tener constantemente en cuenta rechazar, algunas prácticas que hoy se encuentra en  nuestra sociedad, tales como la marginación, dividir y excluir,… pues creemos en una Sociedad donde la Igualdad, el Amor y la Fraternidad, sea un hecho. Y esto deja de ser auténtico, se desnaturaliza, pierde su propio ser, si se incluye un sentimiento de superioridad, en el que la ejerce, y sobre todo, si se utiliza como cortina que oculte la Injusticia Social.
Cuáles son las causas, que han podido llevar a nuestra sociedad ha olvidar el ejercicio de la Misericordia de la Empatía, el Amor. La realidad es que nos encontramos ante una sociedad contemporánea dominada por una sensación de poder, que le genera angustia, inquietud, por otro lado, ha arraigado en su conciencia el sentimiento de su grandeza, provocado por el dominio del mundo, que ha llegado a alcanzar, que le hace caer en un sutil engreimiento, y lo lleva a un ensalzamiento del poder,  tanto social, como económico, político, etc. Entonces desde la Misericordia y su dimensión del Amor, abra que superar la norma imprecisa de la Injusticia Social.

Filosofía y sociedad
Diario de Ávila por: Pilar Álvarez A. 

Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía, la Filosofía como espacio, lugar, método que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Pero nos falta la filosofía de reflexionar, y sobre todo, necesitamos el trabajo de pensar. Está prácticamente parece estar ausente del imaginario colectivo, aún cuando hay una larga tradición en nuestro país, y existen numerosos espacios académicos destinados a su cultivo, el ciudadano común y políticos en general, he incluso muchos que cultivan otras áreas del conocimiento, lo de  la filosofía les resulta ser una actividad “ornamentaría por no decir extraña inútil e innecesaria”. Más aún, los modelos educativos, por lo menos en España, reducen, he incluso pretenden eliminar la enseñanza de las disciplinas que conforman el campo de las humanidades, estas tan necesarias en este siglo XXI. Sin embargo, es muy necesaria la  filosofía en la sociedad en que vivimos, ya que esta nos lleva a un llamado de pensar cuidadosamente. No se trata de un estudio en abstracto, elaborado al margen de las condiciones materiales de nuestro tiempo, sino que es de lo más concreto que puede plantearse. Porque nos recuerda que la filosofía, desde los tiempos de Platón y Aristóteles…..ha luchado contra el poder despótico, la ignorancia y la enajenación humana. En forma explícita, rememora que los filósofos con su reflexión, y siempre impulsados por un espíritu crítico y apegado a los valores del humanismo, han contribuido de manera significativa, incluso crucial, en la construcción de naciones, pueblos, culturas, épocas y tradiciones.
En resumidas cuentas, ninguna persona debe ser excluida de recibir una educación enraizada en los valores de la cultura, la ética y el humanismo. La filosofía, como semillero de los más altos y dignos valores, debe ser inculcada en todos los niveles educativos de un  país. Por eso debe ser un derecho y no quedar a merced de voluntades particulares. La filosofía nos invita a conocerla, ha pensar en el valor de su importancia, y sobre todo a entenderla, cultivarla y enseñarla, es preciso llegar a la plenitud del significado de la filosofía, destacando sus verdades que sólo ella puede conferir. Es necesario abrir canales y establecer estrategias para visibilizarla, para que tenga presencia social. La libertad, la justicia, la dignidad y la solidaridad, son hijas de la filosofía. Urge reconciliar la filosofía con la sociedad, como parte de la configuración de la persona humana, para que la sociedad después de pensar se exprese cuidadosamente.
La idea es que la filosofía se cultive y practique en la plaza pública, que se construyan espacios destinados al diálogo y reflexión sobre temas de interés común, políticos, económicos, culturales, deportivos,.....para que la ciudadanía, con una conciencia crítica y humanista que sólo la filosofía otorga, pueda influir en las decisiones importantes de la sociedad. La filosofía tiene una función crítica y social pues a lo largo de la historia ha propuesto nuevas formas y reformas en torno a la idea del Estado, ha contribuido notablemente en la argumentación jurídica de las naciones, ha impugnado incansablemente situaciones de injusticia e irracionalidad para qué los  principios de  Libertad e Igualdad se establecieran. La filosofía debe salir de su torre de marfil, no debe estar encerrada en las escuelas, facultades o institutos, reflexionando sólo sobre sí misma, sino que debe ser cultivada como un conjunto de problemas y respuestas siempre en relación con la realidad, que sea motivo de reflexión en todos los ámbitos. Ello no excluye en lo más mínimo que la filosofía sea como pensaba Aristóteles, ciencia que se busca. El mismo Aristóteles reflexionó sobre los problemas políticos de su tiempo. Finalmente, queridos lectores "la filosofía debe contribuir a cambiar el mundo", De ahí que el filósofo debe ocuparse, junto con los científicos, de los grandes problemas que aquejan a la sociedad.

 Buen momento….
Diario de Ávila: por Pilar Álvarez A.
 
Fechas propicias para tomarme la libertad de hablar de Lealtad, precisamente cuando la Navidad está presente, la política revuelta, y los valores poco en uso.  En fin, qué tiempos aquellos en que por la palabra dada y la Lealtad  a los demás y a uno mismo se practicaba  la virtud más preciada que puede tener un ser humano “ser leal”. Independientemente de que algunos consideren que tan sólo se trata de un concepto filosófico, y otros digan que es un mito, partiendo del supuesto de que en los tiempos en que vivimos esos valores se han venido extinguiendo, algunos definen la lealtad como un corresponder, una obligación que se tiene con los demás. En mi caso el compromiso de Lealtad es libre, lo adquiero porque anteriormente existe una admiración, un respeto, una ideología….  elijo libremente tener Lealtad a personas o instituciones, y ello me compromete a tenerme  lealtad conmigo misma sobre todo.  Ser Leal, es uno de los valores más preciados que puede poseer un ser humano, y que la traición es un acto de bajeza y cobardía imperdonable, seres sin escrúpulos de conciencia, que pretenden siempre doblegar al otro con jugadas sucias. Enmanuel Kant, decía que la obligación de ser Leal no viene determinada por el deseo o por la conveniencia, sino por la necesidad moral, que debe ser elevada al nivel de regla universal.
Cuando somos leales logramos llevar la amistad y cualquier otra relación a su etapa más profunda, sentiremos que el compromiso es más hondo, es el estar con un amigo en las buenas y en las malas, es el trabajar codo a codo. Hay que asumirla la Lealtad como un comportamiento para cada paso diario, y hasta para cada pensamiento, no como un mero concepto que explique el cumplimiento de lo que exigen las leyes morales. Al final toda nuestra vida social se reduce a intercambiar satisfacción u oportunidades, ¡hagámonos expertos en proporcionar satisfacción a los demás y, como recompensa, podremos contar con su lealtad!
En otro orden de cosas, nos vemos abocados continuamente ha elecciones irresolubles entre lealtades contrapuestas, así como al gran dilema del oportunismo, del propio interés frente a los compromisos de lealtad establecidos con otros agentes externos.  Sin embargo la lealtad es un compromiso tácito o explicito de ayuda y apoyo que se establece con una ideología, norma moral o ética, persona o grupo. El político, por ejemplo, “sabe” con qué lealtades cuenta antes de lanzarse a una arriesgada maniobra política. Sin embargo, también la lealtad posee un lado oscuro. En cualquier caso, parece obvio que la lealtad resulta positiva para los intereses del grupo o de los individuos que la emplean. Entonces, ¿por qué existe la traición, el oportunismo, el egoísmo el mal comportamiento? Me resulta incomodo pensar que el valor de nuestra lealtad sólo será un coeficiente multiplicador sobre el valor intrínseco que nuestra persona tiene para ellos. ¿Si no valemos nada o muy poco para una persona, no tendremos su lealtad? Hay que poner en valor el ser como persona, sin miedo a perder la relación establecida. Pero como decía en el encabezamiento de esta humilde expresión escrita, estamos en Navidad y también la falta de lealtad a los valores familiares estará presente en muchas familias donde la desidia dejara paso a perder la oportunidad de dar, y recibir Amor. Es tiempo de perdón, de reflexión, de ser leal a los nuestros por encima de las diferencias, las cuales deben ser tratadas con el máximo respeto, y discernirlas para encontrar en lo diferente la riqueza del conocimiento, en este caso, del otro. Esta reflexión me lleva a pensar que si no somos leales a nuestra propia familia, no será posible ser leales como personas independientes en una sociedad por el bien común.

viernes, 4 de noviembre de 2016


Diario de Ávila

Lo social

Por: Pilar Álvarez A.

Crispación social es la palabra justa.

Tengo la ligera impresión que nuestra sociedad por lo que veo, y escucho, anda muy crispada, palabras mal sonantes rayan claramente al insulto, y una se pregunta ¿hay que tolerar? ¿es tiempo de tolerar? ¿pero como tolerar al intolerante? es complicado.

Nuestra España fue tomando formas de  respeto y tolerancia en los últimos años, y se han ido dejando ciertas expresiones que verdaderamente son en este siglo XXI  una mala herencia para la educación de los niños de ahora, esos que tendrán que convivir en un sistema de globalización, por lo tanto no cabe, no caben ciertas expresiones, y es que el libre albedrio, hay que saber usarlo, como también la prudencia, esta última, es buena compañera del viaje en lo social. Pero alguien parece haber sembrado, no ya sal, sino ácido sulfúrico en la convivencia, sin haber aprendido el espíritu de la tolerancia, de la comprensión, y nos hace mucha falta conciliar esfuerzos, buscando el denominador común de cuanto nos une, y no de lo que nos divide, sin renunciar por ello al propio ideario.  Pero quedan muchos flecos, que tenemos que corregir, pienso que la solución, aún más que en las estructuras de poder, está en la base, es decir, en la sociedad misma, hay que revisarnos, es la hora de más sociedad, ejercer foros de dialogo sosegados, minoritarios fermentos que, a la larga, han de tener efectos positivos para la sociedad, en definitiva, un foro de referencia, y un modelo a pequeña escala del deseable estilo de convivencia.

Algo también es urgente poner atención a la violencia existente, esa que nos acompaña constantemente en sus múltiples formas, se extiende día a día en proporciones alarmantes. Tal vez no resulte desacertado afirmar que nuestro mundo -y con él nuestro país- se ha vuelto violento. Hoy  una de nuestras necesidades urgentes ante la violencia es contar con expertos en las profundidades del corazón humano en esa zona, siempre misteriosa, de nuestros apetitos sensibles donde sopla el huracán de las pasiones, allí se da la gran batalla cotidiana de la libertad, y  sólo desde lo moral es posible que las pasiones ingrese en el orden de la razón. Y es que la violencia va contra la naturaleza de las cosas, contra el hombre mismo, contra el recto orden social.

Hemos empezado por las expresiones verbales mal “sonantes” yo diría más bien  “ofensivas”,  las mismas que nos han llevado al último tramo, la violencia ¿pero qué mueve a una voluntad humana a ejercer la violencia? Pregunta compleja cuya respuesta no es posible responder si no nos detenemos, siquiera brevemente, a examinar las raíces de nuestras acciones voluntarias. En definitiva ¿qué lleva al hombre a ejercer la violencia por fuera del recto orden moral? el odio y a la ira, recordemos que el odio es una cierta aversión o contrariedad que devora y consume y guarda por ello un cierto parentesco con la ira, en la raíz última de la violencia, odio que se resuelve en una iracundia crispada que se expresa en las múltiples formas que asume la violencia.

Diario de Ávila

 Lo social

 Por: Pilar Álvarez A.

 Nada es para siempre…

Porque somos trapecistas de la vida, en ocasiones con red, y otras, a puro riesgo. En  el amor, como en los distintos espacios donde la ejercemos, los para “siempre”, los “para toda la vida”, los “nunca”. Nos calman, nos eximen de pensar en lo peor, en la muerte, en los imprevistos, en el dolor, en el fracaso ect…. Nos alivia pensar, que lo que decimos, y sentimos, aparte de pensar que nos afirma, y quedara para siempre. Y no es así. Solo quedare lo importante, lo trascendente, lo que dará identidad a un “País”, ha una “Patria” como también al conjunto de una sociedad para su progreso. Por tal motivo debemos volver constantemente a la historia, revisar y discernir, lo que fue necesario hacer, con valor, y esfuerzo, para lo que es hoy nuestro presente.

Recordar aquellos personajes que sin miedo a los imprevistos, se afirmaban en sus ideales, como también en el dolor presente de las injusticias, ya que solo los imponderables se salvaban. (Si, en este momento, se necesita retornar a la historia) para darnos situación de este presente. Para darnos cuenta, si en verdad hemos evolucionado, o hemos retrocedido.

Hoy en este siglo XXI aquellos personajes ilustres siguen ahí, aportando desde su creación, desde su esfuerzo e ideales ect… la historia del presente, de ellos si  podríamos decir que seguirán para siempre. Nuestro país, recibe millones de turistas al año, muchos de ellos solo nos visitan, para conocer nuestra hermosa historia, ese es el legado, que ha quedado lo importante lo trascendente.

¿Estamos haciendo en este presente un legado que trascienda a la historia de  nuestra España en el mañana?

O solo estamos viviendo con red personal, para ser mediáticos en el día, a día, en los medios de comunicación. Y sin darnos cuenta empeñamos en decir que todo va bien, aún sabiendo, que es sólo una expresión de deseos… y que cuando las cosas no salen como hubiéramos querido, siempre podemos culpar a Dios, al destino, a la mala suerte.

Vivimos en un constante estado superficial, prestando atención ha caprichos que son efímeros, que no duran ni siquiera un instante, para luego tener otro, que nos va a llevar a un estado de infelicidad constante. Dejamos de ver muchas veces a quien está a lado, tal vez, porque siempre vamos contra el tiempo. Ese tiempo precioso que nos regala nuestra existencia de vida. Que se esfuma en un corto espacio, donde nos daremos cuenta que todo queda por hacer, que ni siquiera nuestros descendiente tienen el presente asegurado, y mucho menos el futuro, hemos olvidado lo que realmente importa, lo trascendente, lo que dará a nuestra presencia aquí y ahora sentido, en lo colectivo, en el conjunto de una sociedad, es este caso, en la Historia de nuestra España.  

Tal vez la tecnología ha incrementado en cada uno de nosotros esa desgana, ya que pensamos que se ha inventado todo, y que no podemos esperar nada más. Ya no nos sorprenden las desgracias que oímos y vemos en los medios de comunicación, no prestamos atención a ellas, o tal vez, no las dimensionamos de acuerdo a la importancia que tienen. Simplemente dejamos de sentir que algo nos conmueve, porque vivimos dentro de una frialdad quemeimportismo increíble.

¿Qué hacer para recuperar esa capacidad, esa voluntad desinteresada de hacer, de crear, de construir una sociedad más justa y equitativa. Donde también este presente el orgullo de pertenencia a nuestra España, y no cuando nos trasladamos a otros países donde somos envidiados, no vivamos de eso, sino de nuestro esfuerzo y merecida  pertenencia?

Como os decía nada es para siempre, ni el éxito, ni el fracaso, nadie hablara de ello, salvo si el hecho allá sido lo suficiente importante y trascendente, para poder plasmarlo  en nuestra historia, entonces el hecho será para siempre, y  porque en muchas ocasiones también habrá marcado el rumbo de nuestro país, España.

Diario de Ávila

Por: Pilar Álvarez A.

Lo social

Primera periodista española…

Nació el 16 de septiembre de 1851 en La Coruña. Una mujer de personalidad arrolladora, de un talento sin igual para la literatura, de una sensibilidad fuera de toda duda y de una valentía no comparable con ninguna mujer de su época. Algunos expertos la han definido como “un terremoto en plena restauración” o como “una perpetua novedad”. Lo cierto es que Emilia Pardo Bazán no dejó a nadie indiferente mientras vivió, rompió con todos los tópicos existentes sobre la figura de la mujer, y se consagró como una gran novelista. Pero ahí no acaba la cosa, fue la primera gran periodista española, la primera corresponsal en el extranjero, y la primera que fundó y dirigió una revista, como también enfrentarse en aquella época, ser la  amante de Benito Pérez Galdós, su oficio, escritora, su vida, un ejercicio de pura libertad.

 A los 17 años se casó con José Quiroga, con quien tuvo tres hijos, en 1867 se establecieron en Madrid, su matrimonio se acabó a los pocos años, aunque de forma amistosa y discreta, ella siguió viajando frecuentemente a Galicia. A lo largo de toda su vida defendió los derechos de la mujer fundando incluso la biblioteca de la mujer, autora de artículos feministas que reunió en “La España Moderna en la Mujer Española”, quizá el libro más importante y menos conocido del feminismo español, la condesa de Pardo Bazán es la mejor novelista española del siglo XIX, sólo superada por dos monstruos de la novela, Leopoldo Alas, Clarín, y Benito Pérez Galdós. A ello contribuyó el hogar que la vio nacer, una familia acomodada que disponía de una gran biblioteca. Se ha dicho que doña Emilia pasó su infancia entre libros, y que desde muy pronto unió a su enorme voracidad lectora las ganas de difundir sus propios escritos. Escribió de todo, novelas, ensayos, reportajes, artículos, cuentos... Se dio a conocer con tan sólo 25 años, cuando publicó el ensayo Teatro del Padre Feijóo. Desde ese momento su figura levantó pasiones, envidias y habladurías. Fue la gran defensora de la literatura rusa en nuestro país, y en todo momento defendió los derechos de las mujeres y la igualdad entre los sexos, una lucha que sufrió en sus propias carnes.

Su obra más conocida es Los Pazos de Ulloa, de 1886, en la que se adentra en la vida de una oligarquía que ha perdido su relevancia social. Este estudio de la clase dominante lo continuó en La Madre Naturaleza, obra de 1887. Cuando llegó la novela rusa a nuestro país, ella impartió tres célebres conferencias, que luego se editarían en un libro. A esas conferencias asistió en primera fila el que luego sería su amante, Benito Pérez Galdós, la relación que la autora coruñesa mantuvo con el creador de los Episodios Nacionales suscitó las lógicas envidias, Galdós tenía 10 años más que ella. Se dice que nunca fue guapa, sin embargo, lo suplía con su encanto personal en el coloquio íntimo, con una gracia impensable en una Condesa Gallega de su edad.

 Estuvo a punto de ser la presidenta del Ateneo de Madrid, y debió haber sido la primera mujer en ingresar en la Real Academia de la Lengua, aunque el machismo imperante por aquel entonces se lo impidió. Lo que no le arrebataron fue la cátedra de Literaturas Neolatinas, título más que merecido al leer las palabras que Leopoldo Alas, Clarín, dedicó a la escritora “Es Pardo Bazán uno de los españoles que más saben y mejor entienden lo que ven, piensan y sienten. Tratar con ella es siempre aprender mucho”. Tras una vida entregada al periodismo y la literatura, murió el 12 de mayo de 1921 en Madrid.

Diario de Ávila
por: Pilar Álvarez A.
Lo social
Nunca más a mi lado
Hay pecados capitales en la sociedad que se merecen no ser olvidados, y mucho menos dejar de proteger, y analizar, con el fin de evitar riesgos y sufrimientos. Él racismo, las guerras, la protección a los niños, la de nuestros mayores ect… pero hoy me voy a referir, a lo tan traído y llevado, y en muchos casos explotado por colectivos sociales,la “violencia de género”, frase que se aplica, casi en un cien, por cien, a la violencia que recibe la mujer, aclaro de ante mano, no ser feminista, si por ello se entiende, defender mi condición de género, por ser mujer!!.Personalmente creo que la violencia de género no debe estar enfocada solo a la mujer, si no ha todo ser humano que la sufre.

La
ONU (1993) define la violencia contra las mujeres como “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado, un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como privada”.
Teniendo en cuenta que habitualmente la violencia física llega tras un proceso de violencia psicológica y/o verbal, cuyo objetivo es anular, para poder manipularla mejor a la mujer, y con ello generar varios miedos en ella. Sin embargo  el propio mundo fabrica enemigos, y lo hace a través del miedo. "La democracia tiene miedo a recordar, las armas tienen miedo a la falta de guerra, y los hombres tienen miedo a la mujer sin miedo", Hay quien proclama tan campante ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo, el miedo de la mujer a la violencia del hombre, es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”.
En su libro “La cultura del terror“Eduardo Germán María Hughes Galeano, nos dice, la extorsión, el insulto, la amenaza, el coscorrón, la bofetada, la paliza, el azote, el cuarto oscuro, la ducha helada, el ayuno obligatorio, la comida obligatoria, la prohibición de salir, ect… implantando en una  tradición familiar perpetúa del terror, humilla a la mujer, y enseña a los hijos a mentir, y contagia la peste del miedo. La Revolución Francesa supone un cambio en la historia de la mujer. Hasta la fecha, la mujer era un simple objeto dependiente de las ideas de su familia o de su marido. Sin embargo ha, medida que la Revolución fue avanzando, la mujer no experimentó cambios importantes en su forma de vida tradicional y no logró liberarse de la dependencia de los hombres.
Una mujer relevante fue Olimpia de Gouges (1748-1793). Autora teatral y activista revolucionaria, fue la protagonista de la protesta femenina. En 1791 publicó la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, en ella denunciaba que la revolución hubiera olvidado a las mujeres en su proyecto igualitario y liberador, además de afirmar que la "mujer nace libre y debe permanecer igual al hombre en derechos" y que "la Ley debe ser la expresión de la voluntad general. Sin embargo, el planteamiento feminista no era compartido por los dirigentes de la revolución. Olimpia no quería que ejecutaran a Luís XVI; días después de la ejecución de este, fue perseguía junto a su familia por los jacobinos durante la época del Terror. Murió en 1793 guillotinada. Subió al cadalso con valor y dignidad convirtiéndose en una de las primeras mártires de la causa y los movimientos feministas.
 "La solidaridad es igualdad, la caridad es un riesgo".
 

domingo, 18 de septiembre de 2016


Lo social

Diario de Ávila
 
Por: Pilar Álvarez
Transformación personal, el Pueblo.
Las raíces y la historia de nuestra tierra, el origen de nuestros antepasados, llega un momento en nuestra vida, que la inquietud de saber de dónde venimos, nos hace de ello una necesidad primordial para volver a sentirnos identificados con nosotros mismos. Al mismo tiempo, dejaremos a nuestros hijos y nietos, historia, costumbres y hechos, que marcaron una etapa de nuestra vida, los mismos que se reflejan en nuestra personalidad e incluso en nuestro carácter ect...Volver a recorrer en este caso los montes y valles que me vieron nacer, crecer, así, como los rincones impregnados de historia, hizo brillar mi  esencia, y afirmaron mi identidad. Recordé con añoranza, otra etapa de mi vida. Pero el corazón se lleno de alegría especial, al comprobar que era, “igual con el todo”, y “con todos”, como que todo se identificaba con mí Ser. Los prados verdes fértiles y frondosos, el paisaje, los olores y sabores, también los identificaba,  sentí todo, como parte de mi misma, y me pregunte, ¿he descubierto la magia de volver al Pueblo? El Pueblo el mejor lugar para, “sembrar nuestros sueños y crear nuevas realidades”. Un momento de fertilidad plena para el cambio, cuando hablo de volver al Pueblo también me refiero a un viaje simbólico hacia el interior de una expedición en pos del desarrollo personal, visitar lugares que nos inundan de “Paz y Calma”, ocasión de reconciliarse con el pasado, ese que nos sirvió de trampolín, y nos puso en el camino, cuando emprendimos aquel viaje que también podría ser el de Ítaca Kavafis- “pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias” así fue. Volví al Pueblo y  recordé la persona que un día fui, la persona que un día quise ser, y la persona en la que me he convertido.
Evalué si estoy en la dirección correcta o, por el contrario, necesitaba  hacer un cambio de rumbo,  la Naturaleza presente fue y es otra de las vía de carga de la Fuerza Interior, cada día el amanecer era distinto, me di cuenta de la magia que tiene la propia Naturaleza, su sabiduría, la misma que lleva tiempo descubrir, sus dominios, ese  aire puro regenero mi ánimo constantemente mi estadía en el Pueblo.
Intente buscar un momento para analizar cómo había sido mi vida, qué cosas  me  habían  hecho feliz, y qué cosas estaría a tiempo de cambiar. No bastaría solo con pensarlas  para que las cosas se realicen, también hay que escribirlas, materializar los pensamientos, hace que se conviertan en realidad. Todo lo que no se escribe se olvida, todo lo que no se planifica no se hace. El Pueblo es ideal para reflexionar sobre la vida, dejar florecer ideas, y aumentar nuestra fuerza de voluntad, cuando estamos alejados de lo cotidiano, volver a la esencia nos permite repensar nuestros pasos y forjar nuevos destinos. Me di cuenta que había desarrollado la capacidad del dialogo, me sorprendí  de  lo que se puede  conseguir simplemente con tomar la iniciativa de hablar, la información que recopile estaba llena de amor, de ese amor sincero como es el de la familia,  que preservaron para este encuentro de convivencia en el Pueblo,  la madurez trajo sinceridad entendimiento y tolerancia fue maravilloso descubrir la generosidad. Al Pueblo hay que ir con una mirada diferente, con la mirada pura del niño que fuiste y recuperar la capacidad de sorprenderte de nuevo, redescubrir la pasión que un día sentiste, recobrar el significado de las cosas que perfilaron tu personalidad, tener un recuerdo amplio y coherente de quién eres aumentará tu consciencia y tu capacidad de vivir con sentido. Llegará un día que nuestros recuerdos serán nuestra riqueza.

 

sábado, 7 de mayo de 2016


Lo social

Diario de Ávila
Por: Pilar Álvarez
¿Por qué no ella?
 
Nacida el 4 de junio de 1879 Navalsaúz, hija natural de Celestino Sánchez y Juana del Pozo, Francisca Sánchez del Pozo tuvo una infancia dura, en la que tuvo que ayudar a sus padres, y su amplia lista de hermanos para salir adelante. Ni que decir tiene que no tuvo acceso a una mínima preparación en la formación educativa, tampoco era habitual por aquel entonces en las familias de clase humilde poder costear la educación de sus hijos, más bien el reto, era la mantención, por lo que llegó a su juventud sin saber leer ni escribir. Pero si a pensar y sentir, algo que la llevo al camino correcto, con los valores más elevados para ser fiel compañera del poeta Nicaragüense Rubén Darío llamado “Príncipe de las letras Castellanas”. La mañana que se conocieron en 1899 sellaron para siempre la primera mirada, ese que señala al corazón la intuición de crear el verdadero amor entre dos personas que solo la muerte rompería.

El poeta viajo a Navalsáuz, hasta la ciudad de Ávila en tren, y luego recorrería los más de 60 kilómetros que separan la capital abulense de Navalsáuz a lomos de un burro, así relata el propio autor su periplo en busca de su amada, para pedir la mano a sus padres, a quien les explica su estado civil, ya que era casado, en esa misma visita, prometa ha Celestino Sánchez poner todos los medios para arreglar su situación, y poder casarse con su hija, expresando con firmeza, que él  la  amaba  por encima de todo.
 
Precisamente hoy deseo escribir sobre Francisca Sánchez, y me pregunto por qué no tenerla presente como una de las mujeres de nuestra historia, “porque ella no” ella precisamente, la mujer que tenia una de las virtudes más difíciles de practicar, ¡la humildad!, como también la practica en la tolerancia, pero sobre todo la generosidad de amar al otro, poniendo en ello su propio legado, ese que se trasformaría a través de Rubén Darío en poesía.  Fue elegida para ser la fiel compañera, por lo tanto hemos recibido un legado  que debería de llamarse “bienes gananciales” ella que durante dieciséis años no solo inspiro su creación, sino que supero con tolerancia sus largas ausencias, debido a sus cargos diplomáticos, como también la pérdida de los cuatro hijos nacidos del amor que se tenían.
La Revista Cultural  El  cobaya, que dirige con éxito José María Muñoz Quirós en su última edición, está dedicada precisamente ha Rubén Darío, cien años después de  su muerte, en ella encontramos también la fuerte presencia de Francisca Sánchez en un bello testo con sentimiento profundo, de amor y dolor, escrito por nuestra Concejala de Cultura Sonsoles Sánchez Reyes, el mismo que me impacto para reflexionar sobre lo dicho anteriormente sobre esta gran mujer. Fuiste mío, Tatay. Jamás pude retenerte, pero me perteneciste. Fui tu inspiración, baile ante ti desnuda una  danza de musas hambrientas, y pague el precio de aquellos tiempos. Fui tu amante, tu sueño, tu retoño, tu madre, tu esposa, tu reina. Fui tu esclava, tu olvido, tu remordimiento, no fui nada fuera de ti. Sólo yo fuimos tú. Sólo tú fuimos yo. Sin repara en que eras mío, nos robaron nuestro tiempo Tatay. Pasé mi vida despidiéndome de ti pero no pude verte claudicar ante la muerte en el postrero adiós. No pude beberme el océano condenado a distanciar nuestros últimos destinos. No pude gritar al cielo que gimiera conmigo un dolor más grande que el que cabe en un solo corazón humano.
El poeta Amado Nervo bautizaría a Francisca Sánchez como "La princesa Paca” título más que merecido.

domingo, 20 de marzo de 2016

LA PIEDAD


Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.
 
Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel,
 pero importuno.

 Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.
No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!
Miguel Hernández (El Rayo que no cesa, 1936)


Según El Diccionario de la Real Academia Española la Piedad es definida como
Virtud que inspira, por el amor a Dios, tierna devoción a las cosas santas, y, por el amor al prójimo, actos de amor y compasión.
Amor entrañable que se consagra a los padres y a objetos venerandos.
Lástima, Misericordia, Conmiseración.
Representación en pintura o escultura del dolor de la Virgen María al sostener elcadáver de Jesucristo descendido de la cruz.

 Misericordia o Conmiseración.

Una de las definiciones mas antiguas de la Piedad es la que hizo Aristóteles, a su juicio la Piedad: “Es un sentimiento de tristeza, causado por la vista de algún mal destructivo o penoso, que cae sobre quien no lo merece y que podríamos esperar que cayese sobre nosotros o a alguien que nos pareciese próximo”. Así, según Aristóteles, la Piedad exige un proceso de identificación con el otro, lo que producirá en el individuo un cierto temor a identificarnos con el que sufre y descubrir la constitutiva fragilidad humana, que hace que nadie esté a salvo de padecer una desgracia. La Piedad o compasión por tanto se percibe como un sentimiento complejo, pues alberga, al menos, dos sentimientos distintos que coexisten en nuestro ánimo: la tristeza y el temor.
En los siglos XVI y XVII se conforman dos tradiciones muy distintas a la hora de medir el valor moral de la Piedad. Por una parte estarán los críticos como los racionalistas Descartes y Spinozza y en siglo XVIII también Kant, que advirtieron sobre la ambigüedad de ese sentimiento y destacaron su lado oscuro y por otro los defensores de la Piedad como los moralistas británicos y Rousseau, que resaltaron el carácter natural de la piedad y su valor moral. A lo largo del siglo XIX filósofos como Schopenhauer realizará una defensa de la Piedad y describirá su esencia, identificándola con la caridad y el amor puro, mientras que Nietzsche, hará una crítica feroz de este sentimiento llegando a desvelar sus aspectos mas perversos para concluir que la Piedad no es nada puro, desinteresado ni natural.

Los racionalistas al igual que los estoicos vieron las sombras de la piedad y consideraron que, que al ser un sentimiento que se alimenta de tristeza y temor, extiende gratuitamente el sufrimiento por el mundo. Descartes la definirá como “una especie de tristeza, mezclada de amor o de buena voluntad, por aquellos a quienes vemos sufrir algún mal que no creemos que merezcan”.
Estos filósofos consideraban a la tristeza como un sentimiento negativo al que no debemos abandonarnos, ya que nos sume en la pasividad y disminuye además nuestra capacidad de ser y actuar, además de bloquear y agotar nuestras fuerzas vitales. En este sentido Nietzsche irá más lejos en cuanto al peligro de abandonarse a ese sentimiento de tristeza, “ya que quien se entrega a la compasión en todas las ocasiones que la vida ofrece, a la fuerza se vuelve enfermo y melancólico y sentirse abrumado por todo el dolor y las desgracias que suceden en el mundo es una enfermedad del alma que conduce irremisiblemente a la melancolía y por tanto a la depresión”. Kant será otro de los filósofos que desdeñará la Piedad por el sentimiento de confusión que conlleva. Así piensa que las almas compasivas son ciegas y con frecuencia engañadas, pues algunos recurren a la astucia, apelan a la compasión y a la buena fe de los demás y engañan para lograr beneficios sin esfuerzo, obtener condescendencia o eludir sus propias responsabilidades, por eso excluir el análisis racional de las cosas nos puede llevar a una “enfermedad del alma” y a desatender a otros muchos necesitados, además de incapacitarnos para cumplir el estricto deber de justicia, de ahí que hable de “la ceguera de la compasión”.

Otra de las razones por la que los racionalistas consideran negativa a la Piedad, es que como en la definición de Aristotélica y Cartesiana sea una mezcla de tristeza y temor, ese temor lo califican como de un egoísmo encubierto, ya que al compadecer el infortunio de otro tememos que también a nosotros nos pueda alcanzar, por eso al ver el sufrimiento de un semejante al mismo tiempo se produce en nosotros un cierto alivio al pensar que nosotros no lo padecemos, al menos de momento. Nietzsche además apostilla que cuando ayudamos a alguien desafortunado pensamos que ese otro puede ser él mismo y calcula que quizá, mas vale ayudar para ser ayudado en caso de necesidad, por tanto apunta “el compasivo en el fondo lo que quiere es que nadie le haga daño” pero en opinión de este filosofo “esto no es virtud, sino una profunda cobardía, un temor mezclado con cálculo inconsciente y egoísta”.

Frente a esta corriente negativa sobre la piedad que mantendrán los racionalistas, a partir del siglo XVIII nos encontraremos con otras corrientes filosóficas como los moralistas británicos representados por Adam Smith, que impulsaron una valoración positiva de la piedad por estimar que “es un sentimiento natural que atiende a los intereses de la especie y que equilibra las tendencias egoístas” y Rousseau y Schopenhauer que resaltaron sus aspectos más positivos desde un concepto de secularización. Schopenhauer defendía que la recuperación de la piedad se realiza desde el supuesto de un ateísmo que dicta que “Aunque dios no exista y el mundo no sea más que un inhabitable cúmulo de sufrimientos, no todo está permitido”.

 Para Rousseau la piedad es un sentimiento natural que expresa la bondad original del ser humano. Para este filósofo ilustrado existen dos tendencias o principios naturales anteriores al desarrollo de la razón: El amor de sí, que orienta al individuo a buscar su propia conservación y bienestar, además del sentimiento de Piedad o compasión. Define a la Piedad “Como el principio natural que nos inspira una repugnancia instintiva a ver sufrir a cualquier ser sensible, y en especial a nuestros semejantes. No sólo es algo emocional, sino que se experimenta de un modo sensible o corporal. Hace que nos sintamos implicados en la desgracia de los demás y contrarresta el egoísmo, que es lo que Rousseau denomina el “amor propio”. Para Rousseau un individuo no es absolutamente depravado si conserva un ápice de compasión, aunque reconoce que determinadas prácticas, educación o costumbres pueden provocar la corrupción moral o la pérdida de la disposición natural del hombre a esa compasión y perder el sentido moral, y es precisamente entonces, cuando se ha perdido cuando el hombre es capaz de infligir dolor a otro sin ninguna compasión y es cuando lo calificamos de inhumano.
Tanto para Rousseau como para Schopenhauer el egoísmo es el origen de todos los males que se originan en el hombre, ya que ello implica preferirse a los demás, exigiendo que los demás nos prefieran a nosotros antes que así mismos. Constituye una fuerza tan poderosa que para reprimirlo los hombres acuden a la represión de las instituciones y al temor a la sanción que lleva al propio egoísmo a contenerse. Ambos filósofos consideran que el único modo eficaz de frenar al egoísmo es la compasión, ya que esta significa la participación inmediata en el sufrimiento del otro, para que ese otro nos deje de ser un extraño y se convierta en alguien próximo, de manera que la compasión supone asumir la carga existencial del otro, pues según Rousseau cargar con su sufrimiento, es de la única manera que captamos mejor la identidad de nuestra naturaleza, ya que son nuestras miserias comunes las que llevan nuestros corazones hacia la humanidad y para alcanzar este fin recomienda que sea la educación la encargada de desarrollar nuestro lado compasivo, origen de todas las acciones altruistas, de manera que la tendencia natural a la bondad no se pervierta. El fin último será que no solo nos compadezcamos de un ser humano, sino de cualquier ser viviente que sufre. Unamuno también nos recordará que “el dolor y la compasión, son la esencia del amor espiritual humano, los que nos revelan la hermandad de lo vivo” “el amor, continúa, no es un lazo interesado ni egoísta, es un puro deleite de sentirse juntos, de sentirse hermanos. Cuando este amor crece, cuando es intenso por dentro entonces se expande y se extiende a todo” y para concluir apunta que “La voluntad de vivir, el amor a la vida y a todo cuanto vive, y el descubrimiento de su carácter finito y pasajero, hace nacer el llamado amor universal, fruto de una experiencia de compasión que lleva a humanizar todo lo viviente e incluso lo existente”.
Pero toda esta serie de reflexiones y pensamientos de las distintas corrientes filosóficas sobre la piedad ¿a dónde deben conducirnos? Tanto los defensores como los críticos de la piedad coinciden en que quien ocasiona gratuitamente el sufrimiento humano, el despiadado, el impasible, no merece el calificativo de humano. Así la crueldad, el gozo con el mal del otro, incluida la impasibilidad o la indiferencia ante la adversidad que experimenta un semejante, es considerada como un nuevo agravio que se añade al sufrimiento de las víctimas y le despoja de su dignidad.
Pero no nos engañemos pues tendremos que estar siempre alerta y mantener la cautela necesaria cuando se invoca la piedad, pues a veces estas virtudes pueden llegar a ser vicios disfrazados, tanto para el compasivo como para el compadecido, ya que puede haber por parte de ambos un deseo de manipulación. Para el Compasivo en la piedad o compasión puede haber un deseo de manipulación, queriéndose hacer pasar por altruista lo que no es más que algo meditado para conseguir con el sufrimiento ajeno otros fines como suscitar admiración, agradecimiento o incluso fortalecer su propio yo y en muchas ocasiones también para ejercer un dominio total y absoluto sobre el compadecido. Para el Compadecido la piedad también puede convertirse en un arma potentísima para tratar de manipular al que se apiada, llegando a tiranizar al compasivo hasta convertirle en una víctima sin voluntad propia.
Por tanto vemos que cualquiera de las dos posturas alcanzan grandes riesgos y que cualquier ser humano puede caer en cualquiera de los dos vicios. Por ello la piedad siempre se debe acompañar conjuntamente con Sentimiento, Sensibilidad y Razón. La razón siempre nos alertará de los peligros de una compasión ciega y contribuirá a desarrollar una solidaridad que hará que veamos a los demás como compañeros de sufrimiento y no a estar por encima o por debajo.
Y llegado este punto también es donde cobra gran importancia el método masónico porque será el encargado de iluminar al hermano francmasón sobre cómo y dónde encontrar la mesura en la aplicación de la piedad. Según el querido hermano Javier Otaola, en su ensayo: “Razón y Sentido: La metáfora Masónica” para el hermano Francmasón la Piedad Masónica es “El deseo de hacer bien las cosas, de “ser bueno”, de alcanzar alguna calidad en nuestro ser y en nuestro hacer” que equivale a lo que los romanos calificaron como “pietas”, mientras que la “Impiedad Masónica” significa despreciar la obra, revolver las herramientas, confundir entre tener y molestar a los demás constructores, golpear inconscientemente la piedra, ignorar los planos e ignorar conscientemente la obra y el arte. Según el “Dictum Masónico”, es despreciarse a sí mismo, desentenderse de la propia vida, perderla sin honra y sin propósito. La “pietas” masónica nos exige actuar conscientemente, cuidar de nuestros actos por verdadero amor propio, mirar con atención la realidad, ya que será sobre la realidad sobre la que querremos edificar la obra, pero no solo debe interesarnos la realidad que se ve, sino también la que no se ve, es decir no solo la realidad objetiva y fáctica, sino también la subjetiva y virtual. Desde esta perspectiva la piedad vendrá a ser considerada no una virtud religiosa, sino una verdadera virtud intelectual.
Pero estos fines habremos de alcanzarlos con las herramientas que desde siglos atrás ha puesto en nuestras manos la masonería; la plomada y el nivel serán nuestros más firmes aliados para obtener esa objetividad a la hora de ser compasivo y compadecido y el estudio y el ejercicio de la razón complementarán para ayudarnos a conquistar una exacta comprensión de lo real que convierta a la piedad en esa verdadera virtud intelectual.
 
Lola Moreno.·.