martes, 24 de junio de 2014


Lo social
Columna de Opinión
Diario de Ávila
Por: Pilar Álvarez 

Octavo mandamiento.
¿Cuanta mentira llevamos personalmente encima?, más también la del cunjunto de nuestra sociedad, esa que no guardamos como la propia, pero que consentimos y toleramos constantemente, por el bien de una sociedad que solo desea paz, progreso, y bien estar social, con nuestra tolerancia y consentimiento, otros triunfan y sigen en la practica de la mentira, sin embargo tanto el engaño, como faltar a la palabra dada, como a la verdad, etc. son comportamientos condenables cuando los que la realizan lo hacen para obtener un provecho particular, sin importarles el bien social y mostrando con ello una falta de respeto a la verdad, o a la corrección de las afirmaciones que se realizan, también estamos, de alguna manera, engañando, cuando la falta de respeto a la verdad es beneficiosa a nuestros propios intereses y egoísmos, podemos decir que estamos manipulando al oyente, de manera artera y mal intencionada.

Queridos lectores no hay un espacio en nuestra sociedad donde si escarbamos un poquito, no nos encontremos con mentiras de diferente grados, unas piadosas, otras pecanminosas misericordiosas, en cualquier caso estamos haciendo que la mentira tenga un espacio en nosotros mismos disvirtuando con ello nuestra propia identidad, y no digamos en el terreno politico, y amoroso, hay la mentira va acompañada de la ipocresia, aqueya que savaimente escribio un gran poeta Angel Gonzalez premio Principe de Asturia en un poema refiriendose al terreno amoros “dime que me quieres una vez mas aunque me mientas.” En la política, tiene un lugar privilegiado la mentira, por la manipulación de masas, la fabricación de imágenes sobrecogedoras, pasando a ser practica habitual en todos los gobiernos. A mi juicio, la mentira es tan censurable en el ámbito privado como en el público, la normalización de la mentira política es síntoma de corrupción del sistema. Es un tema complejo y sobre el que se ha debatido profundamente, comparto con el lector dos fragmentos de Platón y Maquiavelo en los que estos filósofos reflexionan sobre el papel y la pertinencia de la “mentira de estado”.

“No mentir” es el octavo mandamiento para los cristianos pero en el resto de religiones de masas, podemos encontrar normas similares que condenan la mentira. Este repudio a la mentira tiene una base racional, el orden social, e incluso la comunicación, serían inviables si usásemos el engaño constantemente como algo normal o habitualmente. Sin embargo, debemos convenir en que los límites entre la verdad y la mentira son difusos. Es complicado determinar cuando hacemos una afirmación certera y cuando no, por ello, se considera que alguien miente cuando falta a la verdad a sabiendas. Cuando testifico, prometo decir la verdad, ya sea ante un tribunal o en la vida cotidiana, es preciso, por consiguiente, disociar desde el principio la veracidad de la verdad.

Cuando miento, no digo necesariamente lo falso y puedo decir lo falso sin mentir. En cambio, si digo algo que es verdadero sin pensarlo o bien con la intención de confundir al que me está escuchando, miento. Falto a la verdad cuando digo algo distinto de lo que pienso. Faltar a la verdad supone una intención de engañar al otro, de confundirle. Por lo tanto, la mentira implica la intención de engañar.

La simulación es constante en una sociedad en la que se nos enseña que decir la verdad es sinónimo de ingenuidad y mentir de astucia y oficio político y amoroso. Estamos tan acostumbrados a la mentira que no nos incomoda vivir con ella, y de alguna manera nuestros actos y conductas la avalan, emitimos nuestro voto por personas que sostienen promesas de campaña imposibles de cumplir, compramos productos con supuestas capacidades de hacer los milagros que sabemos que no van nunca a ocurrir, vemos los partidos de fútbol creyendo en la promesa de un campeonato imposible de obtener.

1 comentario:

Víctor Manuel Guzmán dijo...

En la sociedad española la mentira es más recurrente. La monarquía miente al pueblo sobre los negocios de la familia. La justicia se miente a sí mismo con sus actos benevolos a favor de quienes mienten. No se diga de los partidos políticos PSOE y PP la misma panda de engañadores que han llevado a este país al borde de la quiebra por beneficiar a los banqueros corruptos. Y el pueblo que es el que absorve las mentiras vive de la mentira como alimento diario sin querer cambiar el status quo impuesto por las minorías.